lunes, 31 de enero de 2011

Sudokus.

Los hombres son como los sudokus, te pones a hacerlos, te los trabajas y cuando crees que tienes todos los numeritos bien te falla uno.

Falla ese maldito número que hace que tengas que borrar todo y empezar de nuevo y seguir poniendo distintos números.

Y por mucho que borres los números siempre quedan esas marcas feas sobre el papel que te recuerdan una y otra vez que te has equivocado.

Pero puede ser que seas inteligente y que hagas los números muy flojito con lápiz, de una forma sutil, pero esto no significa que no siga quedando marca, simplemente significa que no has sido lo suficientemente persuasiva y que ese sudoku no te entusiasmaba, porque cuando algo entusiasma e ilusiona se coge con ganas y se hace a lápiz muy fuerte y sin pensar.

Y llegará un día en el que la punta del lápiz estará gastada o simplemente se romperá de una forma brusca y sin esperarlo.

Pero siempre, al límite de cualquier situación amorosa, ocurre algo que te vuelve a sacar punta y vuelves a coger las ganas de reescribir ese maldito sudoku de los cojones.

Y vuelves a hacer marcas en el papel, y rompes la página de tanto borrar los números.


¡Y a la mierda los sudokus! ¡Me paso a los crucigramas o a las sopas de letras!

domingo, 28 de marzo de 2010

Desapariciones en Villa Pepe.

Era una tarde normal en Villa Pepe.

Se respiraba tranquilidad.

Pepe en su estudio tocando, ensayando o creando, Pepito en el parque con tito Topo y Aidita en casa conmigo, no había querido bajar al parque a jugar con su tío favorito y su pequeño hermano.

Parecía que estaba triste. Aidita siempre sonreía. Así que decidí llevármela al súper a hacer unas compras.

Montamos en el coche, no sin antes avisar a Topo que íbamos a salir de casa. “Vale cuñada, no hay problema, ¡esa es la actitud de madre!” contestó cuando le dije que nos íbamos.

Al llegar Aidita bajó del coche despacio, no tenía interés en nada de lo que había a su alrededor.

-¿Qué te pasa Aidita?- le dije con tono de preocupación.

-Nada mami.-Y volvió a bajar la mirada hacia el suelo.

Paseamos por todos los pasillos del súper, a Aidita se le iluminaba la cara cada vez que veía las galletas, las magdalenas, los sobaos, el pan, las tartas…

Ya estaba otra vez contenta.

Puso en el carro dos bolsas de magdalenas de su marca favorita.

-¡Mami, mami! ¿Puedo coger esto?- Dijo arrastrando una caja de pasteles de crema.

-No Aidita, con las magdalenas tienes de sobra. Ya sabes que Pepito no come pasteles y que a tu padre no le gusta que comas tanto. Como se entere de que hemos estado aquí…

Aidita me miro fijamente, tiro de un golpe la caja de pasteles al suelo y empezó a llorar.

La cogí del brazo y tiré de ella hacia la caja para pagar las magdalenas e irnos a casa, ya era tarde.

En ese momento sonó mi móvil. Era Pepe.

-Nena, ¿dónde estas? Acabo de salir del estudio, que frío hace, tengo el frío en los huesos.-Dijo Pepe todo seguido sin dejarme apenas saludarle.

-Estamos en el súper Aidita y yo. Pepito está con tu hermano en casa.- Dije mirando la enorme cola de la caja.

-Yo voy ya a casa, no tardes por favor, tengo ganas de verte, bombón.- Contestó con voz dulce, muy dulce.

Mis ojos se inundaron de ilusión y mi boca esbozó una pequeña sonrisa, cuanto le quería.

-No tardaremos, estamos ya en la cola para pagar. Un beso.

-Un beso chica curvosa.-Dijo entre carcajadas.


Todavía se acordaba de aquello, de aquellas bobadas que decía cuando yo era una joven ingenua. Que bonita fue esa noche, que cosas más bonitas me dijo, y yo sin creérmelo. El tiempo puso todo en su lugar.

Miré hacia abajo para secarle las lágrimas a Aidita pero allí no estaba. Miré a la izquierda, a la derecha, delante, detrás, no estaba.

El pánico se apoderó de mi.- ¡Aidita! ¡Aidita!-Grité llamando la atención de algunos clientes del súper que me miraban.

Aidita no contestaba, miré por todos los pasillos del súper donde habíamos estado antes, volví a ver la caja de pasteles de crema estampada contra el suelo pero no, allí no estaba.

Hablé con un agente de seguridad para que me ayudara a buscarla, el supermercado no era tan grande, pero podría haberse ido a la calle…

No, no, no, no. No quería pensar en eso. Aidita tenía que estar allí.

8 de la tarde y Aidita sin aparecer.

Tenía que llamar a Pepe, me estaba esperando en casa, pero no quería preocuparle. Decidí decirle que nos habíamos entretenido en alguna tienda de ropa. No era muy creíble porque Aidita llora cada vez que entramos en una tienda de ropa, pero bueno, algo era algo.

Seguían buscando, y yo también. ¿Dónde estaría?

Allí cada vez había menos personas y más agentes de seguridad buscando a mi hija.

Las 9 de la noche, y yo cada vez más nerviosa, un mensaje de Pepe entra en mi móvil: “Nena, Pepito y yo te estamos esperando con ganas. Yo más que él, se ha quedado dormido ¿Os queda mucho?”

Y, ¿ahora que le decía?, ¿Qué me inventaba?...

Tendría que decirle la verdad. Aidita llevaba muchas horas perdida, esto era una cosa seria.

Le llamé por teléfono.

-Pepe, ven al súper.-Dije de una forma seca y seria.

-¿Porqué? ¿Qué ha pasado?- Contestó preocupado mi marido.

-Ven, por favor. Ahora te lo cuento.-Y colgué.


Pepe dejó a Pepito con tito Topo y no tardó en llegar. Al ver la cantidad de agentes de seguridad que había por el súper se asustó mucho.

Le expliqué nerviosa todo lo que había ocurrido y empezamos a buscar. Volvimos a registrar cada rincón del súper pero había un sitio donde nadie había entrado.

Pepe cruzó una puerta con cuidado, allí estábamos, él y yo, en el almacén.

Enormes estanterías nos rodeaban.

Buscamos y rebuscamos, hasta que Pepe rompió con el silencio que allí reinaba y gritó el nombre de nuestra hija por última vez.

Entre el silencio se escuchó un suspiro, un llanto ahogado. Era ella no había duda.

-¿Aída, dónde estas?

-¡Aquí!-Dijo mientras sacaba la cabeza entre unas enormes cajas de magdalenas con la boca llena de migas y una magdalena de chocolate en la mano.

-Me duele la barriga papá.- Dijo Aidita con voz de niña buena.

-Pero, ¿qué has comido Aidita?- Dije preocupada.


Al instante Aidita alargó su dedo índice y con una sonrisa pícara señaló un montón de envoltorios de magdalenas, papeles de sobaos, cajas y cajas de pasteles…

Tras una pequeña regañina cogí a Aidita de la mano y salimos de allí.

Pepe se quedó en la caja pagando lo que la cría se había comido, 300 euros en pastelería industrial.

Y volvimos a casa y acostamos a Aidita; Topo estaba en el sofá dormido y Pepito en su cuna.

La casa estaba en silencio fuimos despacio hacia nuestra habitación y tras ponerme el camisón me tumbé en la cama y miré a Pepe que ,desde el otro lado de la cama ,me miraba fijamente.

-Cuando me conociste ¿te imaginabas nuestra vida así?-Preguntó mi marido con un brillo especial en los ojos.

-Cuando te conocí no imaginé nunca que iba a tenerte tan cerca de mí como estás ahora mismo.-Dije mientras cerraba los ojos.

Sus manos dibujaron la curva de mi cintura y un suave beso rozó mi mejilla.

Y así pasó un día más en Villa Pepe.





Curvaspeligrosas.

domingo, 7 de febrero de 2010

Rock sucio en Villa Pepe.

Siempre había intentado mantener alejados a los niños del mundo que rodeaba a su padre, pero era inevitable que la música despertara algo en ellos, al fin y al cabo el arte iba en su sangre.

Pero Aidita era una niña muy despierta para su edad, a sus 13 años se daba cuenta de todo lo que pasaba a su alrededor y sentía curiosidad por todo lo que su adorado padre hacía.

Pepe, al ver el interés de la niña, me propuso llevarla a un concierto de unos chicos que empezaban a tocar, se llamaban “42x2” y no alcanzaban los 17 años, además su bajista era hijo de Jamón, un cantante y amigo de nuestra juventud.

Iríamos a ese concierto, mi hija disfrutaría de la primera fila y yo me tomaría algo con Pepe y con algunos amigos que también acudirían a ver a los jóvenes tocar.

Cuando se lo dijimos a Aidita no se lo podía creer, rápidamente se puso a escuchar el disco y en un mes no pararon de sonar las 12 canciones que tenía el primer EP de los chicos…
Me recordaba tanto a mí, disfrutaba tanto viéndola saltar en el sofá mientras gritaba las canciones de su grupo favorito.


Al fin llego el día del concierto pero ,antes de ir a recogerla al cole ,fui a dejar a Pepito con la abuela Pájara.

Al llegar a casa no tardó ni un segundo en prepararse, se puso su pantalón vaquero favorito y una preciosa camiseta del merchandising de su padre.
Esa tarde a Aidita se le olvidó merendar, estaba tan fascinada que no tuvo tiempo de pensar en los dulces que tanto la apasionaban, poco a poco se iba haciendo mayor y me gustaba verla crecer.

Cogí el bolso y la cámara de fotos y me monté en el coche con mi marido y mi hija.
A las 7 estábamos en la sala donde se celebraba el concierto.

Nos aproximamos a la puerta y entramos, allí estaban los jóvenes músicos probando los instrumentos, y sus padres admirando a sus hijos al otro lado de la sala.

Nada más entrar Aidita se colocó en la primera fila, mirando fijamente todos los movimientos que se producían alrededor del escenario.

La cogí del brazo y le dije al oído: “pásalo bien pequeña, disfruta como lo haría yo.”
Y me fui con Pepe a la parte de atrás a saludar a Jamón. Hacía ya un año que no le veía y seguía igual de guapo que siempre.

A las 9 comenzó a llegar gente a la sala. Aidita defendía su primera fila a matar, la miraba desde lejos y veía como empujaba a las chicas que sin querer la pisaban.
Yo solo esperaba que no tuviera ningún problema con nadie, al fin y al cabo solo era una cría de 13 años rodeada de adolescentes con las hormonas a flor de piel.


Dio comienzo el show y empecé a plasmar en fotografías los momentos más emotivos del concierto.
Mi hija no paraba de sonreír y de ponerle ojitos al bajista, cantaba todas las canciones, aplaudía y no paró de bailar en ningún momento.

Todos disfrutamos de estos nuevos músicos, las adolescentes les piropeaban, Aidita aplaudía efusivamente, los padres de los artistas se emocionaban, Pepe recordaba sus inicios y yo me dedicaba a bailar como en mi época de grupi mientras era vigilada por la penetrante mirada de Jamón.

Al terminar el concierto la sala se quedó vacía; Aidita vino corriendo hacia nosotros y nos miró sin decir una palabra con los ojos rebosantes de alegría.

El bajista del grupo se acercó a la pequeña y la agarró de sus manos temblorosas dándole las gracias.
Mi hija solo sabía sonreír mientras el joven bajista dejaba caer en su mano una púa.

Dejé que tuvieran su momento músico-fan y me acerqué a ellos a hacerles una foto para poner en el salón, como hacía mi madre con las mías con Pepe.

Mi marido y yo estábamos cansados, teníamos ganas de irnos a casa, pero Aidita no estaba por la labor y temía que montara el numerito delante de todo el grupo…


Jamón se percató de la situación y nos propuso dejar a Aída allí con él y más tarde la acercaría a casa en coche.
Me fiaba de Jamón, temas personales aparte, era un tipo responsable, un poco idiota, pero responsable, así que dejamos a nuestra hija en la sala y nos fuimos a casa.


Me encontraba dormida en el sofá cuando mi hija abrió la puerta, di un salto y mire el reloj que adornaba en el salón. Eran las 5 de la mañana, Aidita llegaba despeinada, con unas ojeras hasta el suelo y un insoportable olor a ron y tabaco.

Pepe y yo la llevamos a la cocina, -¿Qué ha pasado Aidita? ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?- le preguntó mi marido preocupado y un poco enfadado. Aunque Jamón y él eran amigos siempre estaba a la defensiva, él por su familia ma-ta.

-Ha sido la mejor noche de mi vida.- Murmuró la cría mientras revolvía la despensa en busca de magdalenas.

Pepe se volvió a la habitación enfadado, pero yo me quedé un rato más con Aida en la cocina.

-¿Me vas a contar lo que ha pasado con el hijo de Jamón?-Le dije en tono de madre.
-Mamá, no te lo puedo contar…

-¡¡¡¡Aidita!!!!-Dije sobresaltada al escucharla, había soñado muchas veces ese momento y al fin llegó.
-Mamá, yo le quiero, le quiero mucho, es un manosveloces y me trata bien, muy bien.-Susurró con los ojos cerrados.

-Aidita, corre, corre y…
-No, no, no mamá no lo digas, ya se lo que tengo que hacer.-Me interrumpió con una enorme sonrisa.

Las dos soltamos una enorme carcajada y nos abrazamos.
Era mi hija, mi pequeña hija, ya era toda una mujer, toda una grupi, como un día lo fui yo.

Y con orgullo nos fuimos al salón y estuvimos toda la noche hablando y comiendo magdalenas de las que tanto le gustaban.



Porque las grupis nacen y no se hacen.




Para Olga, sonríe.
Para todas las grupis de vida alegre y para las sufridoras.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Tarde navideña en Villa Pepe.

Mientras Aidita y Pepito estaban de paseo con sus abuelos, Pepe y yo ultimábamos los preparativos de la cena que tendría lugar esa misma noche en nuestra casa, otra reunión, esta vez de familiares, estarían casi todos, aunque siempre había alguien que se libraba de la cena de Noche Buena.

Cansada de estar en la cocina me fui al salón y para no aburrirme cogí un álbum de fotos y comencé a ojear…


“Año 2009” ponía en la pasta exterior y comencé a ver fotos.
Fotos de fiestas, demasiadas fiestas, allí estábamos todas vestidas como horteras Eugenia, Alba, Marta, María… ¡Qué pintas! Y nosotras creíamos que íbamos guapas.

Había fotos de playa, no recuerdo qué playa era, pero sí recuerdo la noche en la que la alegría me soltó la lengua más de lo normal y empecé a contar mi vida, sentada en una silla con una copa en la mano mientras mis amigas escuchaban y se reían de las cosas surrealistas que me ocurrían.

También había fotos de conciertos, ¡ui! ¡Pero si este es mi cuñado Topo! ¡Qué joven!

-¡Pepe ven! , mira las fotos que he encontrado.-Dije para que mi marido pudiera ver a su hermano en plena juventud.

Con un trapo de cocina en la mano llegó y se acomodó a mi lado en el sofá, y los dos continuamos viendo fotos.

-Esta… ¿esta es Olguita? ¿Y esa es Albu?- Soltó entre risas.

Habíamos cambiado mucho desde entonces, ya éramos mujeres hechas y derechas, y en esas fotos éramos unas crías ansiosas de conciertos, pases y música, que lo dejaban todo por pasarlo bien uno o dos días.

Como no, había muchas fotos del verano en el pueblo.
Pepe y yo siempre sacábamos un hueco en verano para ir al pueblo y bailar en las fiestas, me alegraba ver a esas personas que siempre volvían a formar parte de mi vida aunque solo fuera un mes en el año.
Aunque ahora me parezca una tontería ese verano en el pueblo me superó, no fue tan agradable como los demás...

Seguí pasando las hojas del álbum, “Octubre” ponía en la parte superior de una de las hojas con bolígrafo.
Nada más ver el titulo mi marido y yo empezamos a reírnos, ese era el mes en el que nos habíamos conocido, eran nuestras primeras fotos juntos, eran tan bonitas…
En mis ojos se podía ver la ilusión de una chica joven junto al amor de su vida, mientras él solo se limitaba a quedar bien con una fan más, aunque el tiempo le cambió de idea.

-¿Te acuerdas de cuando te pedí un abrazo?-Le dije con una sonrisa tímida.
-Mmmm, la verdad es que no, pero me acuerdo de que me dijiste que era la magia y desde ese día esa palabra está presente en mi vida, MAGIA, eso es lo que eres tú, eres magia.- Contestó él mientras me cogía del cuello y me acariciaba el pelo.

Recuerdo ese día como si fuese ayer mismo, todas en Úbeda, pendientes de cada uno de mis movimientos hacia Pepe, para más tarde recordarlo y reírnos.
Aquellas fotos en la recepción del hotel, todas juntas para estar, aunque sea, cinco minutos con ellos, fue precioso ese día, una maravilla…

Seguimos pasando hojas del mismo mes, yo seguí acudiendo a conciertos con mis amigas, iba a ver a cada músico que paraba por mi ciudad y que medianamente me gustara.
Allí estábamos Eugenia y yo al pie del cañón con nuestros vestidos; maldita noche y malditos vestidos.
Lo pasamos bien, eso seguro, y tuvimos risas aseguradas durante los 5 meses posteriores, aunque a mí me costó olvidar.

Después de una época de rayadas por cosas inexistentes abrí los ojos, mi vida no se podía limitar a eso, tenía que parar de salir de fiesta, tenia que parar de conocer chicos que al día siguiente no eran más que recuerdos…

Las Lolitas se iban formalizando, unas se echaban novios, otras, como yo, dejaban la noche para centrarse en el día y buscar algo de ilusión fuera de una discoteca, sin oscuridad de por medio. La madurez llegaba poco a poco, o eso parecía…

Noviembre también tenia fotos de Pepe, era la segunda vez que estaba con él, esta vez en Sevilla, mi ciudad…
Del concierto recuerdo poco, lo que sí recuerdo es a mi marido mirándome y preguntándome con los ojos muy abiertos: ¿Tenías miedo?
Lo cierto es que aquella noche tuve miedo, miedo de hacer tantas locuras por una persona que me había visto una sola vez, ahora se que todo mereció la pena.

Pepe esa noche se portó muy bien conmigo, y me gusto mucho, fue entrañable, dulce, romántico, pero yo seguía perdiendo el norte cuando se iba a dormir y se despedía con un “Sweet Dreams” escrito con permanente en la contraportada de un disco.

-Pepe, me hacías daño cuando te ibas, ¿sabes?- Le dije reprochándole con cariño.
-De haberlo sabido te hubiera llevado antes conmigo-. Contestó mirándome fijamente y con gesto melancólico.

En las fotos de Diciembre también estaba él, ¿otra vez? Ah sí, esa fue la vez que vino a verme por sorpresa, que maravillosa sorpresa volverles a ver.
Esa noche disfruté mucho, recuerdo que lo pase muy bien y que ellos se acordaron de mí, ¡fue un logro!

-Recuerdo muy bien este concierto, te recuerdo muy bien, cierro los ojos y te veo en la primera fila con tu pelo largo y tu cámara en las manos.-Dijo Pepe
Ambos reímos y seguimos pasando las hojas de aquel pesado álbum lleno de recuerdos.

-Eh ¿y estas fotos?- Dijo Pepe sorprendido.

Esa noche solo la recordamos las chicas que estaban allí conmigo y yo, fueron tres días maravillosos en Madrid y por desgracia Pepe no recuerda la noche que pasé a su lado porque iba demasiado contento…
-¿No te acuerdas de la noche en el Toni2?
-No, no se, creo que un poco…
-No te esfuerces, no te acuerdas y es normal que no te acuerdes, jajaja.

Volvimos a mirarnos y a reírnos, pase tantas noches junto a Pepe sin él darse cuenta, estuve tantas noches mirándole embobada mientras estaba con sus amigos, bebí tantas cervezas para olvidarme de sus caricias en mi cuello, lloré tanto sin él saberlo…

-Vuelvo a la cocina, cariño.
-Vale Pepe, ahora voy yo, voy a recoger un poco esto.

Miré rápido por última vez aquel álbum. Sin darme cuenta había pasado tanto tiempo, pero todavía siento que soy aquella chica inocente que se dejaba engañar y que sonreía por todo.


Cerré el enorme álbum del año 2009 y lo deje en su sitio, que de recuerdos buenos tengo de aquel año, cuantos conciertos, cuantos kilómetros, cuantas risas, cuantas resacas, cuantos cigarrillos, cuantas confesiones.


Estoy ansiosa por tener otro rato libre y ojear el álbum del año 2010…






Feliz año.

martes, 15 de diciembre de 2009

Penny Lane.

Vestida con falda corta y botas, esperando sola en la puerta de atrás de una sala rock para ver algo que hiciera concienciarme que estaba allí por algo real.
Me sentí como Penny Lane arriba de la rampa con sus amigas las banderas, mientras aguardaba la furgo de su grupo para, más tarde, colarse en el backstage.

No salía ni entraba nadie por esa sucia salida posterior, la calle estaba solitaria, aunque de vez en cuando pasaban personas que miraban con cara extraña…

Desesperada no paraba de mirar de un lado a otro, todos los vehículos estaban custodiados por unos ojos casi llorosos por los nervios, pero no había nada que confirmara lo que tanto deseaba ver aquella noche.


Cuando más distraída estaba una furgoneta paró delante de aquella puerta pequeña y llena de pintadas...

Tras los cristales tintados pude ver dos cabezas con pelo rizado; esperaba ver a otras personas y no a ellos.

Me puse en la puerta nerviosa y, sin decir nada, bajaron de la furgoneta como ellos solo saben.

-Hola.- Dijo la él de forma seca, era un saludo por educación, yo no esperaba más…
Al instante dio la vuelta, miró con cara de magia y repitió el saludo, esta vez con más efusividad mientras se abalanzaba sobre mí para darme dos besos.

Me recordaba, no sabia mi nombre pero recordaba mi cara, esta vez no era yo la que iba a él...

Cuesta olvidar la magia que envolvía ese momento, deseo que esa magia no se vaya nunca...y se que no se irá, confío en ello.




"Todo esfuerzo trae tras de sí una gran recompensa..."

lunes, 23 de noviembre de 2009

"Grupis busconas" en Villa Pepe.

Nunca fue mi prioridad volver a Sevilla, pero aun así, cada vez que los chicos tocaban allí a mí me gustaba ir y ver como había cambiado mi ciudad, ver a mis padres, a mi hermana, a mis sobrinos, a mis amigos…

Al llegar a casa de mis padres con Pepe y los niños, lo primero que hice fue subir corriendo a mi habitación y ver como todo seguía como lo dejé.
Las fotos en las paredes, los posters, las entradas de conciertos, los recuerdos de amigas… el tiempo se había parado en aquella habitación, todo estaba tal y como lo dejé el día que hice la maleta y me fuí a Madrid con Pepe.


Mientras mi marido estaba en la prueba de sonido con los chicos yo me preparaba con la misma ilusión que cuando tenía 15 años e iba con un tanga en la mano a ver a mis grupos favoritos.

Al bajar las escaleras de casa ví como Aidita y Pepito jugaban con mi padre en el salón, mientras mi madre preparaba algo en la cocina.
-¿Qué haces mamá?
-El pastel que tanto le gusta a Aidita, que me ha pedido que se lo haga.
Dijo mi madre con el trapo de cocina en una mano y la batidora en otra.

Me despedí de los niños y le pedí encarecidamente a Aidita que no comiera mucho, no quería volverme en mitad del concierto porque estuviera mala…

Cogí el coche y me dirigí al concierto.
Entré por la puerta de atrás y allí estaba Pepe, estresado y con cara de preocupación mientras Quino y los chicos se reían y disfrutaban de los minutos previos al espectáculo.
-Pero Pepe, ¿qué te pasa?
-Bombón, estoy nervioso.
-Nunca cambiarás…
Le dije mientras me daba un abrazo.

Saludé a los chicos y por allí andaba una chica con una cámara de fotos. Fui a saludarla, ya que yo también soy fotógrafa y me gusta ver las fotos que les hacen a mis chicos.
Intentaba entablar una conversación con ella pero no se dejaba, me miraba raro, así que decidí no darle mas vueltas y sentarme en mi sitio reservado, ya que en breves instantes iba a empezar el show.

Todo fue muy bien, el concierto estuvo insuperable; Pepe, Quino y los chicos salieron muy contentos así que brindamos todos juntos en el backstage.

Y por allí seguía la chica de la cámara de fotos…
Pepe pasó un par de veces por su lado y ella se lo comía con los ojos.
Yo intenté relajarme, era normal que las “grupis busconas” frecuentaran los camerinos de los chicos, pero no podía soportar la idea de ver a mi marido con otra.

En un momento de la noche la perdí de vista e instintivamente me puse a buscar a Pepe por todos lados, sabía que él no era capaz de hacerme daño, pero esa chica no me daba buena espina.
Al rato ví aparecer a Pepe solo y se arrimó para hablarme.
-Lo siento nena, esta noche he estado un poco apartado de ti.
-No te preocupes, los chicos han cuidado bien de mí.- Dije sonriendo. -Por cierto, ¿Quién era esa chica?
-¿Qué chica?- Dijo Pepe distraído
-Ninguna, déjalo.
No quería parecer la típica mujer celosa que no puede ver a su marido hablar con otra.

Empecé a montarme la película en mi cabeza y me senté a fumarme un cigarro.
Pop se me acercó con su gigantesca sonrisa habitual.
-Eh eh eh, ¿tú no habías dejado de fumar?-.Dijo en tono de padre.
Yo sonreí y contesté: -Sí, pero estoy nerviosa.
-Anda. ¡Ven aquí!- .Me dijo mientras abría sus enormes brazos para achucharme con fuerza.

Pop me entendía muy bien, sabía que para mí era duro que otras chicas se acercaran a Pepe, no era celosa, pero esa situación de ver a millones de moscas alrededor de tu marido no es nada agradable.

La noche continuó con normalidad, hasta que a las 4 me llamó mi madre, estaba con Aidita en urgencias, se había comido todo el pastel y no se encontraba bien.

Cogí rápidamente las llaves del coche y me fui de allí; Pepe salió detrás de mí.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa?- Dijo preocupado.
-La niña Pepe, que se ha vuelto a empachar.
-Quédate tú aquí y yo voy a urgencias anda…
-No, no, no, quédate tú- Le dije antes de darle un beso y salir corriendo de allí.

Al llegar al parking ví una silueta apoyada en mi coche, me dió miedo, pero no tenia tiempo para pararme.
A medida que me acercaba la silueta se hacia mas familiar, era la chica de la cámara de fotos que estaba en el coche esperando a Pepe.

-Eh, ¿Qué haces tú aquí?- le dije en tono enfadado.
-Espero a Pepe, ¿y tú?
-Este es mi coche, así que largo- La bordería estaba empezando a inundarme y no podía soportar ver a esa en mi coche.
-¿Tu coche? ¿No es el de Pepe?
-Es de Pepe y mío.
-Ah…pero tu eres... ¿su mujer?- Dijo haciéndose la interesante.
-Sí- Le respondí con voz bajita.
-No sabía que estuviera casado- Dijo mientras se alejaba meneando su gordo trasero por el aparcamiento.

Poco a poco me iban encajando las cosas, desaparecer sin decir nada, esperar en el coche…Todo me olía muy mal, pero con las prisas no le di mucha importancia, Aidita estaba mala, eso era lo que importaba ahora.

Mientras conducía me llamó mi madre para decirme que ya estaban en casa, que Aidita estaba bien; pero como ya iba de camino decidí ir a casa a descansar.

Sobre las 6 llegó Pepe, borracho y cansado.
Le oí llegar pero me hice la dormida cuando me dio un beso en la frente y me dijo al oído: “Sweet dreams”.


A la mañana siguiente estuve hablando con él de lo que había ocurrido en el aparcamiento.
Pepe no le dio mucha importancia, sabía que esa chica estaba loca, pero siempre se preocupaba por mí.
-¿Tenías miedo?- Me dijo con los ojos muy abiertos.
-Tenía miedo, sí. Pero si estás a mi lado jamás tendré miedo Pepe.

Siempre había gente a nuestro alrededor que pretendía crearme dudas y miedos,no quiero perderle nunca, pero se que lo nuestro es tan real que nunca nadie se podrá cruzar en nuestro camino.

Y en cuanto a la chica de la cámara de fotos, gracias Olga y a Albu descubrí que había hecho lo mismo con sus maridos.
Olga un día se la encontró cuando iba a trabajar en su portal mirando por los buzones a ver cual era el piso de Quino.
Y Albu la vió esperando a Manu en la puerta del cuarto de baño del Costello…

Eso se llama ser grupi psicópata, obsesionada…y no es sano, ni para ella ni para el grupo.


Pepe me prometió que si volvía a ocurrir algo así con él o con cualquiera de los chicos la denunciaría.
Pero espero que no ocurra nada más, por mi bien y por el bien de mi familia.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Tú también tienes pijama.

No comprendo como aquel día, cuando le vi por primera vez, mi mente tuvo la capacidad de atravesar la puerta del ascensor e imaginar todo lo que hacia desde que se despidió…

Mientras las chicas hablaban relajadamente en la recepción del hotel, mi mente se fue detrás de él en el ascensor y pude ver como salía de allí y abría la puerta de la habitación con dificultad ya que le dolía bastante la cabeza.
Lo único que quería era dormir y relajarse después de un día de ajetreo.

Pude ver como dejó el abrigo sobre la cama con cuidado y comenzó a quitarse la ropa mientras buscaba por la habitación alguna puerta que le llevara al cuarto de baño, donde terminaría de quitarse los pantalones y se miraría al espejo durante un rato.

Siempre estaba guapo, pero esa noche tenía mala cara y se le notaba preocupado, no sabía si la fiebre que tenía era debida a un simple resfriado o si podía haberse contagiado de la gripe A…

Pero el espidifen que se tomo en el camerino ya estaba empezando a hacerle efecto y su cabeza se iba despejando poco a poco.

Se metió en la ducha lentamente y con cuidado, no quería mojarse mucho el pelo para no dormir con él chorreando sobre la almohada, eso podía empeorar su estado de salud. Así que se duchó rápido y salió del baño con la toalla reliada en busca de su pijama.



Y mientras él se ponía el pijama y se dormía en una cama cómoda, yo me di cuenta de que seas lo que seas, pienses lo que pienses o trabajes en lo que trabajes a todos nos llega el momento de ponernos el pijama.

Belén Esteban, Zapatero, Mick Jagger, el banquero de tu barrio y el tío que te gusta…todos tienen pijama.